La muerte por ACV y las complicaciones circulatorias son siete veces más comunes en pacientes de COVID-19 que de gripe

En 2003 y en 2012 se observaron casos: los coronavirus causantes del Síndrome Respiratorio Agudo Grave (SARS) y el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS) se habían asociado a problemas circulatorios, e incluso el accidente cerebrovascular (ACV). Se sabía también que la gripe suele presentar complicaciones similares. Pero en el caso del COVID-19 los médicos encontraron que la frecuencia con que estos problemas aparecían era excesiva. Un paciente podía mostrar una abundancia de vasos sanguíneos que no deberían existir y numerosos coágulos y microcoágulos que, ademas de devastar su sistema respiratorio, causaban ACV, isquemias y obstrucciones coronarias.

Un nuevo estudio, publicado en JAMA Neurology, ha comprobó que, en efecto, los infectados con el nuevo coronavirus tienen una tasa “significativamente más grande de ataque isquémico que los pacientes de la gripe”: exactamente 7,6 veces más posibilidades de sufrirlo.

El trabajo de Babak Navi y colegas, realizado por Weill Cornell Medicine en la ciudad de Nueva York sobre casi 2.000 pacientes que llegaron a la sala de emergencia o fueron hospitalizados en NewYork-Presbyterian mostró que casi en el 1,6% de los casos la enfermedad siguió ese curso. “Aunque la tasa general de ACV en pacientes de COVID-19 fue baja, es sustancialmente más grande que la de los pacientes de gripe”, dijo Neal Parikh, coautor, a MedPage Today. “Básicamente, nuestros resultados sostienen la idea de que la infección de COVID-19 es más grave que la gripe”.

Los pacientes que sufrieron episodios como un ACV tendían a ser mayores —el más joven tenía 51 años— y en general presentaban otros factores de riesgo, a la vez que “síntomas más graves de COVID-19″, sintetizó un comunicado de Weill Cornell Medicine. “Estos pacientes también tuvieron una probabilidad de más del doble de morir durante su hospitalización (32% versus 14%) en comparación con pacientes de COVID-19 que no sufrieron apoplejías”.

Dado que inicialmente no había más que estudios de casos o investigaciones en una cantidad pequeña de pacientes, “buscamos enfocar la cuestión con un estudio sistemático”, explicó Parikh. Los científicos realizaron una comparación directa de las dos enfermedades respiratorias a partir de dos grupos de datos de pacientes de NewYork-Presbyterian en dos localidades.

El primer grupo, de 1.916 pacientes con COVID-19 activo y confirmado por una prueba, buscó atención entre el 4 de marzo y el 2 de mayo de 2020; el segundo grupo abarcó 1.486 pacientes con gripe confirmada por una prueba que necesitaron atención médica desde enero de 2016 hasta mayo de 2018. Vieron entonces que, mientras 31 infectados con el SARS-CoV-2, o el 1,6%, llegó al hospital o presentó luego una isquemia, sólo tres infectados con la gripe común, o el 0,2%, la sufrió.

Al ajustar los datos por edad, sexo y origen étnico, la probabilidad dejó de ser de ocho veces más (como indicarían las cifras originales) y se fijó en 7,6 veces más para los contagiados con el nuevo coronavirus. La edad promedio de los pacientes de COVID-19 que sufrieron un ACV fue 69 años, y de ellos el 58% fueron varones. Aunque algunos pacientes llegaron al hospital con síntomas y otros las desarrollaron una vez internados, para ambos grupos el promedio de aparición de isquemia fue de 16 días a partir del inicio del COVID-19.

“Las apoplejías, que afectan a unas 800.000 personas cada año en los Estados Unidos, son una de las causas principales de muerte y discapacidad en el país y en el mundo”, explicó el sitio de Cornell. “En la mayoría de los casos son accidentes isquémicos que se presentan cuando se forman coágulos sanguíneos en las arterias que irrigan el cerebro, con frecuencia debido a una condición vinculada al envejecimiento, la arteriosclerosis”.

Las enfermedades infecciosas también pueden ser causa de ataques isquémicos, porque incrementan la inflamación, algo que a su vez puede tanto agravar la arteriosclerosis como directamente activar el sistema de coagulación. Por eso se sabía que la gripe, en particular, se asociaba a un aumento moderado del peligro de ACV. Ahora es una de las novedades que trajo también el coronavirus contra el cual los seres humanos no tienen inmunidad.

Al comparar los niveles de dímero-D (el indicador que se usa para diagnosticar la trombosis venosa profunda) en la sangre de los pacientes de COVID-19 y en los de gripe, se confirmó que el SARS-CoV-2 causa también un “estado de trombosis microvascular difusa”, explicó MedPage Today. Eso hace que incluso el cerebro, un órgano en general bien protegido, sea vulnerable al nuevo patógeno.

Entre los factores por los cuales el COVID-19 podría resultar mucho más grave que la gripe para el sistema circulatorio —explicó Navi a la publicación sobre medicina— se cuentan su asociación con una “vigorosa respuesta inflamatoria” y la subsiguiente “coagulopatía”. También —ponderaron él y sus colegas en el trabajo— el coronavirus hace más frecuentes complicaciones como la fibrilación atrial, el infarto de micardio, la miocarditis y la trombosis venosa, todos los cuales pueden aumentar el riesgo de isquemia.

Aunque los factores básicos de riesgo de ACV como la hipertensión, la diabetes o la enfermedad arterial coronaria eran más comunes en el grupo de contagiados de COVID-19, los cálculos que ajustaron la incidencia para aislar al coronavirus como factor confirmaron que es más alto que virus de la gripe.

Los investigadores advirtieron que quizá muchas víctimas de este grave efecto del SARS-CoV-2 quedaron fuera del estudio, bien porque podría haber estado demasiado descompensadas como para que se les realizaran diagnósticos por imágenes o porque murieron antes de recibir ayuda médica, sin que se detectara que sufrían de COVID-19. Sobre todo en la ciudad de Nueva York durante el pico de casos se multiplicaron por 11 las muertes domiciliarias, de personas que no lograron o no quisieron ir al hospital por temor al contagio.

El sitio de Cornell agregó que sus expertos se encuentran realizando ya otro estudio, de seguimiento, para desarrollar un algoritmo que pueda ponderar el riesgo de ACV, y así identificar tempranamente a los pacientes de COVID-19 con esa amenaza adicional.